Imagínate que este año ganas un Óscar. Sobre todo, imagínatelo si vienes de algún lugar provinciano o del extrarradio. ¿Agradecerías a Alcobendas tu premio como Penélope? ¿O lo harías a la Virgin of La Cabeza and Jesus de Medinaceli?. En realidad, da igual, porque luego todo el mundo buscaría en YouTube tus recientemente colgados vídeos de tu época travesti o tu pasado en televisión.
Pero viéndolo desde la distancia, desde la pantalla de mi televisor, me pregunto hasta qué punto te puedes creer que has ganado un Óscar. Cosas como que Orson Welles solo ganara el Óscar a mejor guión original (nunca a mejor director ni mejor película, a pesar de Ciudadano Kane y Sed de mal) o que Hitchcock nunca recibiera tampoco su reconocimiento como director, da qué pensar. Pero es que tampoco ganaron nunca un premio a mejor director genios de la talla de Kurosawa, Chaplin, Ridley Scott, Stanley Kubrick o Howard Hawks. ¿Cómo puede explicarse esto?
Me pregunto cómo se sentirían sus contrincantes en la batalla por la estatuilla en el momento en el que veían que su trabajo era considerado mejor que el de estos genio. Porque, por muy genio que seas, ganar a Kurosawa o Hitchcock como director es algo muy fuerte.
Por eso, siempre que pienso esto, decido no aceptar nunca un Óscar bajo ninguna circunstancia. Pero, seamos sinceros, ¡¿quién puede resistirse a So much glam ?!
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